TONO SEPIA
Siempre quise andar con "mi mochila cargada de CDs" (por no decir "piedras de yihad metalera viril"), a través de barrios marginales con cara de malo. Si te resfalas en vertientes de viejas de sonrisa hipócrita, debes esperar insultos de choferes de reducido mundo, incultos, flojos e ignorantes; bestias del camino cuyo copiloto no es otro que el mismo Belzebú. Es una bonita experiencia vender ropa, mientras eres vigilado al comienzo del día, por pseudo guardianes vikingos guatones que inspeccionan tu ropa en hermético silencio, mudos y te dan una palmadita en el hombro después que te revisan superficialmente. Esa palmada en el hombro quiere decir en su lenguaje vikingo de mente dividida que clasifica la información solamente en amigos o enemigos: "estás adentro, doy mi visto bueno para que vendas tu ropa aquí", con ese silencio macabro de seguridad inconfiable mafiosa vikinga. Los permisos municipales no sirven, solo sirve la palmadita del vikingo. Después rezas a Sor Kitty y te llenas de millones.
Lo mejor es cuando entras a clases, haces tu ramo atrasado, no conoces a nadie de esa clase y te toca hacer grupo con 2 personajillos. Tuviste que hacer el trabajo grupal solo y más encima después piden ver la tarea y se dan la libertad para encontrar defectos en ella. No hacen la tarea y opinan de mala forma después. Eso se llama no tener dignidad.
Los caballeros tenemos dignidad y evitamos que los niños vayan a ConCón (una tierra lejana y repleta de comunicaciones no trabajadas, especiales para tesistas y temas repetidos).
Tu polola te recuerda que la acompañarás al cumpleaños del pololo de su amiga. Sujeto que no me conoce y yo tampoco a él. Además la primera vez que lo vi, me habló media hora de su problema de epilepsia, no sin antes llenarme de preguntas sobre mí. ¿Acaso estaba realizando un cuestionario, quizás es un periodista-sicólogo frustado o lo contrataron los rusos, la Cía, los matones de los Killpue On Shop para sacarme información? Aún hoy me pregunto por qué me hizo tantas preguntas y seguramente debe ser uno de los misterios sin resolver más grandes de nuestra era. ¡Qué vida extraterrestre!, ¡Qué secreto de Fátima!, ¡Qué existencia de la Atlántida! Nooooo señores... ¡El secreto más grande de nuestra era, es por qué me hizo tantas preguntas aquel desconocido! (¡Por más de media hora!). Días después fui a su cunpleaños, estábamos sentados en extremos opuestos de la mesa, lo que ayudó a que no pudiéramos hablar mucho. Le compré unos chocolates y él me regaló un lindo codazo en la cabeza cuando nos levantamos de la mesa.
Chateo poco ahora con "Densha Otokos", ya que el estudio y el trabajo ocupan mi tiempo. Me siento cada día más lejano a ese standart de vida insano-mental de los "Densha Otokos". Como me dijo Don Nabe el otro día "otro más que vuelve al mundo de los cuerdos". Una frase para el mármol.






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